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martes, 25 de junio de 2013

Honda un puerto fluvial



Los pueblos de indios vinculados con las políticas de separación residencial en el Nuevo Reino de Granada (1) 
Laura Osorio (2)
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La “república de españoles”: caracterización de la ciudad 

La ciudad desempeñó un rol estratégico en el ejercicio de poder hispano y en el “sueño de orden” colonial. Según Ramón Gutiérrez, la ciudad hispanoamericana se conformó en un proceso de síntesis en el que interactúan las teorías urbanas renacentistas y las experiencias fundacionales ibéricas y americanas (15) . También se va configurando en un proceso de ensayo-error-corrección, que se vislumbra en dos hechos sintomáticos: la frecuencia de traslados de ciudades y la formulación de una normativa en las Ordenanzas de Población de Felipe II (1573) que definen un marco imperativo, el cual no habrá de aplicarse “literalmente” a ninguna ciudad del continente.

Las Ordenanzas de 1573 formalizan una estructura urbana centrada en la cuadrícula con preeminencia de la iglesia y la plaza como eje articulador, en la cual tienen un importante lugar la prácticas fundacionales en América, que también constituyen este corpus normativo. De esta forma, el plan reticular no pudo imponerse en todas partes, “casi siempre se borraba en los suburbios ocupados por los indios, pues éstos no formaban físicamente parte de la ciudad” (16) . Estas ordenanzas, recogidas en las Leyes de Indias de 1680, conforman el marco conceptual, pero no un modelo físico concreto. La denominada ciudad superpuesta es una de las modalidades evidentes de modificación de las pautas normativas en las que la ciudad española habrá de conformarse sobre un antiguo asentamiento indígena (17) . Así, al proceso de síntesis generado por el español desde “su” realidad cabe incluir los fenómenos de aceptación, rechazo y/o apropiación de la cultura receptora y la generación de un modelo urbano a partir de esta interacción.

En la “superposición”, el modelo de ciudad se adapta a las preexistencias, y las transferencias conceptuales se recortan en las posibilidades. En el planteamiento hispánico de la superposición se define inicialmente una segregación racial -reforzada jurídicamente por las políticas de separación residencial- y luego una reestructuración funcional. Esto es verificable en la conformación de los barrios así como en la vertebración del sistema de parroquias y pueblos de indios (18) .

Germán Colmenares sustenta que la ocupación española en América se caracterizó por su carácter urbano(19) . Según este autor, el afán de recompensa de los conquistadores multiplicaba los centros urbanos en ramificaciones que se extendían al paso de la hueste conquistadora. Los enfrentamientos entre los conquistadores motivaban la creación de nuevos centros urbanos. Este aspecto es importante porque permite explicar, en parte, la “atomización de los espacios económicos” (20) . También es pertinente anotar la forma en que los centros urbanos representaban privilegios sociales y políticos, de los que se podían derivar beneficios económicos

En la ciudad, la plaza constituye la afirmación de su poder civilizador. Es una especie de “teatro del mundo”(21) , en cuyo marco se levantan los símbolos visibles de la dominación española (22) : las casas del cabildo, la iglesia, la cárcel y, en algún lugar, junto a las tiendas, la escribanía. Alrededor de la plaza se levantaban las casas de los caudillos de la hueste y en las manzanas cercanas se hacía una repartición para que los demás tuvieran casa poblada. Esto hacía parte de una exigencia de la corona, que pretendía evitar que en América se reprodujera una casta feudal con bases rurales.

Según Colmenares (23) , la ciudad surge como un concepto político patrimonial de dominio en el que los privilegios económicos se derivan de las funciones políticas. Así mismo, la ciudad, como “república de españoles”, se sustentaba en el papel que se le designaba a la “república de indios”, con lo que se evidencia la forma en que las jerarquizaciones urbanas contienen dinámicas de diferenciación y segregación social.

La ciudad se define como el espacio de la vida política y social, en el que se transformaban las costumbres indígenas, “feroces, por otras humanas” (24) , y se enseñaba, como lo afirmaba el jurista Solórzano Pereira, “la verdadera agricultura, la construcción de casas, la reunión en pueblos, la lectura, la escritura y otras artes que en otros tiempos les eran extrañas” (25) . Para el ideal de la “república cristiana”, era central expandir “la forma de vida” urbana, puesto que ésta posibilitaba controlar el espacio y los sujetos que lo habitaban, así como los recursos y la mano de obra que explotaban éstos.

La ciudad colonial se ideaba como el espacio de la “civilización” en el cual actuaban los supuestos ideológicos de una república cristiana. Esta presentaba diversas funciones, como base de aprovisionamiento, factoría comercial de intercambio, cabeza de puente para penetraciones más profundas, eslabón de una amplia cadena de fundaciones, centro administrativo local y regional, elemento de sometimiento y fijación de la población indígena, polo de concentración de autoridades de diverso tipo, foco de centro de la propiedad del suelo y núcleo de difusión de una “nueva forma de vivir”, sinónimo de “república”, “orden”, “policía” y condición de “humanidad” (26) .

En el Nuevo Reino de Granada funciona una tipología urbana: la ciudad administrativa: Santafé, Tunja, Pamplona, que se caracterizan por una alta densidad indígena en su espacio a controlar; la ciudad minera: ubicada especialmente en el occidente (Zaragoza, Remedios, Cáceres, Santafé de Antioquia) y Popayán; y, finalmente, los enclaves, puertos fluviales y marítimos, como Cartagena y Honda, entre otros.

La ciudad se convierte en un instrumento pedagógico de dominación. En principio se imagina como el espacio de los blancos “caballeros” y “soldados”, mientras que el campo sería el espacio de los indios. Sin embargo, ¿cómo pensar la relación ciudad campo en la colonia? ¿Acaso como campos cerrados en sí mismos y aislados el uno del otro? Si bien las condiciones físicas y el aislamiento geográfico posibilitaban quizás esa imagen de dos universos aislados y autocontenidos, también es importante enfatizar en que la ciudad de los españoles necesitaba por diferentes motivos –como la disponibilidad de mano de obra - de la cercanía de los indios.

En este escenario, el sistema colonial requería para su “estabilidad” un “orden social inalterado”, y para esto puso en circulación discursos y formas jurídicas como las leyes de separación residencial que buscaban controlar prácticas que distorsionaran el dualismo colonial. Pero las mismas lógicas del orden colonial, como sus formas económicas –el trabajo de los indígenas en las ciudades- posibilitaban prácticas como el mestizaje, fenómeno que perturbaba el modelo de orden en la sociedad colonial sustentado en una especie de “sociedad de castas”.
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Estudiante de último semestre de Ciencia política e Historia de la Universidad de los Andes.
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2002.
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