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jueves, 21 de febrero de 2019

Honda y el río grande de la Magdalena Por: German Ordoñez Contreras

El afluente ha sido desde siempre un paso obligado de nuestra historia, comenzando con los primeros pobladores hasta la construcción moderna de nuestro país
Por: German Ordoñez Contreras
Febrero 17, 2019
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El patrimonio más insigne y más sagrado de todos los colombianos es el río Magdalena. Si a través de sus íconos se reflexionara sobre la memoria histórica de nuestro país, no existiría tal vez ninguno que sobrepasara la existencia innegable del río Magdalena, como travesía imprescindible de nuestra tradición que unió, privilegiadamente, todos los momentos de nuestra historia, desde sus primitivos pobladores hasta la construcción moderna de nuestra patria simbolizándolo como “el río de la historia”.
Coincidencialmente, alrededor de un río principal se han desarrollado diversas culturas y las civilizaciones, como una costumbre universal que privilegia dádivas y riquezas, aportándole identidad y en autor de vida. Así, en Colombia juega ese papel trascendental el río Magdalena, el cual ha sido la columna vertebral del desarrollo nacional y motor de la dinámica de la nación, desde la perspectiva geográfica, económica, social, cultural, ambiental, demográfica, histórica e hidrográfica, y por ello Marco Fidel Suárez en una de sus célebres oraciones patrióticas lo consagró como el “río de la patria”.
El río era la trayectoria transcendental de los primeros pobladores, convirtiéndose en el territorio de habitación y permanencia de los nativos y la ruta de navegación,comunicación y comercialización de los indígenas; y también, resultó ser la vía principal de la incursión y la ocupación del territorio aborigen y el contexto protagonista de las luchas y la tenacidad de las tribus al enfrentar la agresión.
Además, nuestros indígenas realizaban los trueques y los intercambios en sus recorridos, y por nacer el río en la montaña, se le conoció con el nombre de “Yuma” o “río del país amigo y de las montañas”; otras tribus le decían en su lenguaje “Arli” o sea “río del pez”. Luego, con el arribo de los españoles, los aborígenes presagiaban la presencia de usurpadores que acabarían con sus vidas y le llamaron a esa atrocidad el “Huacan-hayo” o “río de las tumbas”; sin embargo, fue el conquistador Rodrigo de Bastidas, quien sorprendido por tan extraordinario descubrimiento que le coincidió con la festividad de Santa María Magdalena en el mundo católico, fue quien le dio el nombre de “río grande de la Magdalena”.
Gracias a su posición geográfica, la navegación por el río grande de la Magdalena se convirtió en el eje fundamental para ocupar, controlar y administrar el “Nuevo Mundo”: como camino de penetración de conquistadores e ingreso de los gobernantes y las órdenes religiosas. Más tarde, con el comercio de esclavos y la exportación del oro; para luego, ser tráfico de mercancías y la ruta de acceso a la incalculable cultura civilizadora que trajeron los españoles. Es decir, en tiempo de la colonia española no descuidaron el río grande de la Magdalena, porque hasta en las luchas de independencia, los ejércitos patriotas y reales surcaron el río en la búsqueda de la libertad de la opresión española; y fue así, como el General Simón Bolívar le dijo a Juan Bernardo Elbersel pionero alemán de la navegación a vapor por el río Magdalena: “Yo les he dado la libertad, deles usted el desarrollo”.
Más adelante, se fue convirtiendo en la única vía que comunicaba la capital de Santa Fe de Bogotá con el importante puerto de Cartagena de Indias y por ende con Europa, ya que el río grande de la Magdalena formaba un muro natural para la navegabilidad: “el Salto de Honda”, lo cual hizo que se constituyera en el primer puerto fluvial del país y centro de operaciones mercantiles, cuyo auge se extendió hasta comienzos del siglo XX, recibiendo un gran impulso desde el punto de vista urbano, que reafirmaron la imagen de Honda como el “emporio comercial con una tradición secular a dónde venían a surtirse los comerciantes de los cuatro confines del país”, como escribiría Alfonso López Pumarejo.
Desde siempre el río grande de la Magdalena ha sido el paso obligado de nuestra historia comenzando con los primeros pobladores hasta la construcción moderna de nuestro país, la cual ha transcurrido entre la navegabilidad, las comunicaciones y la comercialización, pasando por la política, la guerra y las artes para continuar con los avances tecnológicos y la modernidad. Aunque, la llegada del tren, de las vías terrestres y de la aviación, obligó a que el río perdiera su influencia total sobre el acontecer de nuestra Patria en materia de transporte e intercambio; la época moderna no ha dejado en la indiferencia la gran importancia que tiene el máximo río de la geografía del país. Tanto así, que en la década de los ochenta, Gabriel García Márquez agregaría un nuevo espacio a su universo de novelas, donde después de haber expresado el contexto de Macondo, describe un escenario del amor y el olvido pasando por la violencia y la esperanza, en su novela El amor en los tiempos del cólera; e igualmente hizo una maravillosa narración de lo que para la ocasión y sus gentes simbolizaba el río grande de la Magdalena en su obra El general en su laberinto.
El prodigio de la subienda de peces por el río Magdalena en Honda
En su libro Pueblos Honda Germán Ferro Medina dice: “Honda, la ciudad del río es por antonomasia una aldea de pescadores desde épocas prehispánicas. Las características geológicas del río le han otorgado al transepto del río, en este punto, un lugar privilegiado para la pesca, para atrapar los peces que desde diciembre hasta marzo viene subiendo por el río. Los pescadores de Honda han aprendido del pez desde tiempo atrás, en la subienda, los peces evitan la gran corriente del salto y se orillan “descansando” de las pequeñas represas formadas natural y artificialmente por los pescadores, que con agilidad los atrapan” (Ferro, 2013, 14).”
Consideremos una breve reseña textual del porqué de la subienda: los diccionarios traen la información que “Subienda, es la época en que los peces remontan los ríos”, el profesor Cecil Miles, citado por Fernando Torres León en su libro Comunidad de Pescadores de Honda, afirma que es: “Cuando los peces suben, gordos y con los órganos sexuales en estado de reposo”.
Por lo tanto, la subienda por el río Magdalena empieza en el mes de diciembre y se extiende hasta marzo, en la cual durante tres o cuatro meses consecutivos, se vive el desfile de millones de peces que se dirigen a las partes altas del río, desesperados por viajar en busca de aguas más claras y oxigenadas. Este fenómeno tiene como referente las lluvias de octubre, las cuales producen las “crecidas” que desbordan las aguas del río permitiendo así el éxodo de los peces, los cuales migran desde las ciénagas, coincidiendo con la época de verano cuando las aguas están bajas, “emprendiendo viaje aguas arriba”, llegando a veces hasta Neiva, pero que al llegar a Honda, se encuentran con una trampa natural que les impide ascender ágilmente siendo atrapados con facilidad, creándose así el fenómeno de “La Subienda”, donde la laboriosidad de los pescadores es recorren día y noche en rústicas embarcaciones las aguas del río Magdalena con su atarraya, en busca de recoger “la cosecha” de peces, que para esta época abundan, “como son los bocachicos, nicuros, bagres y capaz.
Cabe resaltar, que el fenómeno de la subienda de peces favorece esta tierra gracias a los raudales del río Magdalena, conocidos como “Salto de Honda”, que es una falla geológica, donde se estrecha sensiblemente el río Magdalena, obstaculizando el ascenso de los peces y obligándolos a orillarse, dejando el recorrido central, siendo capturados y comercializados, produciéndose así, la reactivación económica de los habitantes de la ciudad. Necesariamente, el Río Magdalena se convierte en uno de los principales atractivos de este territorio gracias al bello espectáculo que ofrece durante esta temporada, pues millones de peces llegan procedentes de la ciénaga del norte del país en plan desove… “Es el momento del desove de los peces en el cauce principal del río, cuando huevos y larvas se desarrollan migrando aguas abajo (hacia el Bajo Magdalena), y entran a las ciénagas que son sus criaderos naturales y que están llenas gracias a las lluvias que hacen que el río se desborde, permitiendo el ingreso de los peces a estas zonas de refugio donde se alimentan y crecen. Finaliza así un ciclo de migración que se reiniciará con el verano y la reducción de las aguas en las ciénagas”[1].
Se podría decir que “La pesca, especialmente en la Subienda le ha dado a Honda una cultura, una forma de vida, un estilo de sobrevivir periódicamente de acuerdo con el ciclo biológico del pez en el Magdalena y ha producido en torno de ello una compleja organización social y de trabajo poseedora de una rica cultura material y adaptada a las condiciones propias del lugar. Honda es, sin lugar a dudas hasta el presente una aldea de pescadores, que le ha dado vida y sentido al poblado antiguo y a la ciudad moderna. Su legado se renueva todos los años en la subienda del pez, que ocupa el río y proporciona sustento y alimento a los hondanos y a sus visitantes” [2].
Una fiesta gracias al río grande de la Magdalena
En el mes de febrero de cada año, Honda se viste de gala y se vuelve anfitrión de uno de las Fiestas más importantes de los puertos bañados por el río Magdalena; como lo es hoy “El Carnaval Cultural y Reinado Popular de la Subienda”, donde la idea ha sido destacar la labor de los hombres que con una atarraya recorren día y noche en rústicas embarcaciones las aguas del río Magdalena en busca de bocachico, bagre, nicuro, capaz y tolombas.
Por ello, este caluroso municipio, inundado de historia, decidió que cada año se le ofreciera un homenaje con este Carnaval de la Subienda, donde el objetivo es resaltar el oficio de pescador y las costumbres culturales de los pueblos, cuando los peces remontan el río Magdalena y migran o salen de las ciénagas, para nadar aguas arriba.
Anualmente, el fenómeno de la Subienda de peces favorece esta tierra gracias a los raudales del río, los cuales obligan a los peces a subir las aguas, dejar el curso central y acercarse a las orillas facilitando la pesca, cuya producción alcanzaba grandes toneladas. Esto hace, que el río Magdalena se convierta, precisamente, en uno de los principales atractivos de este territorio y en epicentro de estas fiestas gracias al bello espectáculo que ofrece durante esta temporada, pues millones de peces llegan procedentes de la ciénaga del norte del país en plan desove.
El Carnaval de la Subienda nació en el año de 1962 y según sus fundadores el objetivo era “la realización de un festival que aprovechara la riqueza ictiológica del río Magdalena, en la peregrinación de los peces, emulando aquellas ciudades que tenían fiestas tradicionales”. Cabe mencionar, que por problemas económicos y por la tragedia de Armero esta celebración tuvo que ser cancelada en numerosas ocasiones, no obstante a lo largo de los años ha ganado gran fuerza tanto que hoy en día es considerada como una de las celebración más importantes del territorio nacional.
Y es así como durante 51 años en Honda se viene celebrando el Carnaval Cultural y Reinado Popular de la Subienda, donde los hondanos y turistas disfrutan de importantes actividades artísticas y folclóricas en homenaje a los pescadores de la región; siendo, entre otras, el desfile de comparsas, la revista náutica en el río Magdalena, el desfile en traje de baño de las candidatas, las verbenas populares, la muestra gastronómica, el concurso ‘El mejor viudo de pescado”, jornadas sociales, visitas a los pescadores y la velada de elección y coronación de la Señorita Popular de la Subienda, donde la ganadora representa al municipio de Honda en el festival Folclórico Departamental que se realiza en la ciudad de Ibagué.
En resumen, este carnaval se lleva a cabo como homenaje a los pescadores y a los peces del río Magdalena que para el primer trimestre del año abundan, “como son los bocachicos, nicuros, bagres, capaz y tolombas que se han quedado en las atarrayas de los numerosos pescadores que por esos días de comienzo de año atiborran la zona”; pero también, es alusivo a los mitos y leyendas de los habitantes ribereños.
Referencias
Andrade Pérez Martín – García Chávez María Catalina. Tiempo de vidrio y de abundancia. Saberes y oficios de la cultura fluvial del Alto Magdalena, Colombia. http://dx.doi.org/10.7440/res55.2016.05
Ferro Medina Germán. 2013. Pueblos Honda. Letrarte Editores SAS
Murcia Godoy Tiberio. 2009.La Subienda el Maná del Hombre del Río. http://tiberiomurciagodoy.blogspot.com.co/2009/01/la-subienda-el-mana-del-hombre-del-rio.html
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[1] Andrade Pérez, Martín – García Chávez María Catalina. Tiempo de vidrio y de abundancia. Saberes y oficios de la cultura fluvial en el Alto Magdalena, Colombia.
[2] Ferro Medina, Germán. 2014. Pueblos Honda. Aldea de Pescadores. Letrarte Editores SAS.
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Tomado de. https://www.las2orillas.co/honda-y-el-rio-grande-de-la-magdalena/?fbclid=IwAR1H3rTjs9PMNMgyJBVXjl5nkigv28Ug-Yg_D5zc2VZK7sRxOwEH7Lm0VGE

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